Las Minas de Potosi en Bolivia
Este fin de semana, nos encaminamos a visitar la que una vez fué la ciudad más rica del mundo: Potosí. Yo estaba muy ansiosa y contenta de visitar esta encantadora ciudad, que fue construida en un hermoso estilo colonial y es considerada hoy día, como la metrópoli más alta del mundo. Pero al mismo tiempo, me invadió una extraña sensación, cuando pensaba que también visitaríamos las minas, porque sabía que ahí, también trabajaban niños.
Después de aproximadamente 12 horas de viaje durante la noche en bus, llegamos finalmente a Potosí y ya era de día. No hacía tanto frío como normalmente describen que es el clima de la ciudad en esa época del año, ya que esta ciudad está a una altura aproximada de 4.000 m.s.n.m. El sol brillaba y después de un rico desayuno en el mercado de la ciudad, nos encaminamos rumbo a las minas del “Cerro rico”, cuya riqueza en plata convirtió a Potosí en una de las ciudades más grandes del mundo a comienzos del siglo XII. Aparte de la poca plata que todavía queda en la mina se está explotando hoy en día estaño, zinc, plomo, wolframio y antimonio. La reservas de plata están ahora, casi ya agotadas en su totalidad y es por eso se encuentran, pero muy escasamente.
Ya desde antes, en tiempo de la colonia, los trabajadores que desempeñaban este trabajo forzado, eran enviados a las minas para la explotación de yacimientos de plata. Hasta se intentó hacer trabajar a esclavos africanos en la explotación de plata, un hecho que fracaso, a causa de que los esclavos no pudieron acostumbrarse a la altura y las condiciones climáticas de aquella región. Se presume que en las minas han muerto hasta el día de hoy, unos 8 millones de trabajadores. Incluso hoy en día existe un número incontable de mineros, cuya esperanza de vida no sobrepasa los 40 años, por causa de las duras e insalubres condiciones de trabajo.
Antes de llegar a las minas, hicimos una corta parada en el “mercado minero” para comprar algunos regalos para ellos; como hojas de coca, refresco, alcohol con 96% de grado alcohólico y además dinamita, que son difícil de adquirir, ya que tienen un alto costo y los mineros las necesitan para desempeñar su trabajo. Marcelo, uno de los mineros nos contaba: que “la hoja de coca es el único medio efectivo para combatir el hambre en la mina, ya que los mineros no comen absolutamente nada hasta la hora de la cena”. La hoja de coca también ayuda, funcionando como un “filtro” contra el aire seco y polvoriento, que los mineros tienen que respirar.
La entrada a la mina era un pequeño hueco oscuro por el cual tuvimos que pasar. Ahí el aire era frío y todavía aguantable, sin embargo se fue convirtiendo paulatinamente en un aire polvoriento y caliente como en un sauna y por partes, la temperatura en la mina alcanzaba los 40 grados y el aire era asfixiante y polvoriento. Por suerte todos estábamos equipados con un casco de protección y una lámpara frontal, para que en estrechos pasadizos por donde teníamos que pasar “gateando”, no nos golpeáramos la cabeza. Existen pasadizos hacia todas las direcciones y hacia arriba o hacia abajo se abren las galerías, lugar donde los mineros trabajan.
Varias veces nos topamos en los pasadizos con el denominado “Tío”. Una figura que para los mineros es como una deidad. Cada grupo de trabajo tiene una figura en su sector, la cual es venerada como un Dios. A él se le traen ofrendas como cigarrillos, alcohol y hojas de coca, porque según la creencia él les debe regalar hallazgos de riqueza en la mina y hacer que retornen a casa sanos e ilesos.
Los mineros tienen una jornada larga y muy dura, trabajan hasta 12 horas diarias y esto por un sueldo muy bajo. Marcelo nos contaba que los mineros reciben su sueldo de acuerdo a lo que encuentran y producen en la mina y si por ejemplo en un día no encuentran nada de mineral, se van a casa con las manos vacías. Por otro lado el trabajo infantil en las minas aún existe, aunque aparentemente por ley, esté prohibido. Todavía los niños ayudan a sus padres cada día después del colegio. Es muy usual ver que familias enteras trabajan en la mina, para poder mantenerse.
Para mí y los otros visitantes nos fue inimaginable llegar a hacer un tipo de trabajo así, pero para muchas personas en Potosí, el trabajo en las minas es su única forma de ganarse el pan de cada día. Los mineros pueden trabajar hasta la mayoría de edad, pero en la mayoría de los casos, solamente trabajan hasta los 40 años; porque después se enferman y su salud está tan dañada, que después sus hijos tienen que tomar su lugar en las minas, para poder alimentar a la familia. Es muy triste ver que muchos niños en Potosí, empiezan a trabajar en las minas desde los 8 años de edad. Para poder brindarle a los niños mejores perspectivas de vida y mejores oportunidades en el futuro, es importante enfatizar en la instrucción y aclaración a las familias sobre la importancia de la educación para los niños. Los padres tienen que tener en cuenta, que sin la educación de sus niños, el circulo vicioso de las minas seguirá persistiendo. Si los niños no tuviesen que ir a trabajar más a las minas y por el contrario fueran al colegio, sin todo ese cansancio acumulado sino por el contrario motivados y sanos, se abrirían para ellos mejores posibilidades para tener alguna formación profesional y de ese modo podrían conseguir otro tipo de trabajo, para poder alimentar a sus familias.
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[...] Aquí viven los descendientes de los esclavos africanos, los Afrobolivianos. Ellos trabajaron originalmente en las Minas de Potosi, pero no pudieron adaptarse a la altura y al frío, así que fueron llevados a zonas más cálidas, [...]