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Gente a lo largo del Rio Magdalena parte 1

Miércoles, Octubre 7, 2009 por Miguel

IMG_1637_2Viajar por Colombia, es encontrarse con su gente. Y en las orillas del río Magdalena; nos encontramos con mucha gente que vive desde el nacimiento del río y se favorecen de su abundancia en peces, del comercio de las mercancías que son transportadas por el río y desde luego, de la fertilidad que sus aguas dan a las tierras cercanas.

Un día, pasé por un ranchito cerca de Honda. Una canoa a medio terminar me llamó la atención y me detuve a observar el excelente trabajo que estaban haciendo. De aquel ranchito, salió una anciana y vi que sus ojos vivos contrastaban con su delicada, pequeña y frágil figura. Me presenté y le comenté que estaba admirando la canoa y le pregunté que si era suya. Su nombre era Rosa y me contó que su hijo producía canoas, las cuales luego vendía a pescadores de otros lugares en la temporada de la subienda.

Nos sentamos a hablar, ella me hizo un tinto y bajo el palo de Mangos frente a su humilde hogar, me contó sobre su vida; que vivía casi ya 30 años en su choza y que había sacado adelante a dos hijas y tres hijos. Su marido murió cuando la menor tenía 7 años y con esfuerzo, sus hijas estudiaron contabilidad. Uno de sus hijos está en el ejercito como suboficial y el otro trabaja como carpintero en el pueblo. Él es quien hace las canoas. Me contó de la época de la violencia durante su niñez y que sus padres fueron obligados a abandonar sus tierras. Eso fué en los años 40 del siglo pasado y haciendo mis sumas le calculé unos 70 años.

Luego de llevar un buen rato conversando, doña Rosa me sirve un segundo tinto. En ese momento noto que su mano derecha se ha inflamado. Ella nota mi preocupación y me cuenta que en la mañana la pico un alacrán, cuando estaba recogiendo ramas bajo el horno para hacer fuego. Ella enseguida se preparó un ungüento de hierbas, pero el veneno le inflamó la mano. A pesar de la molestia ella barrió su cocina para sacar al alacrán.

Mi oferta de llevarla al médico o ir por algún medicamento la contestó con una sonrisa: “Siempre me curo con caléndula y otras hierbas, los médicos me hacen esperar en sus consultorios y comienzo a sentirme enferma!”. Ante tal razonamiento sólo me quedo ayudarle a mirar en todos los rincones de su cocina buscando por el alacrán o su pareja, ya que generalmente estos animales aparecen como tal.

Al despedirnos, doña Rosa me tranquiliza diciéndome: “Tengo 73 años y nunca me he visitado un médico!”, y sonrió.

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